Despalillando el tabaco

Por Editor, 10/15/2016 - 19:44

Junto al torcido, el "despalillo" forma el núcleo del proceso creador de un puro, es un tratamiento delicado al que debe someterse el tabaco luego de su cosecha, inmediatamente después de la primera fermentación, y consiste básicamente en remover (en parte o totalmente) la vena que corre por el centro de cada hoja. Esta labor se realiza en talleres dedicados a ella, donde personal ágil y experto debe aplicarse para no romper las hojas tratadas, identificando muy bien cuál será el destino que se le va a dar a cada una (tripa, capote o capa).

Inicialmente se seleccionan las hojas de tabaco por su tamaño y se separan las rotas, que luego serán incorporadas al cuerpo de los puros llamados "de tripa corta". Las hojas que superan esta primera escogencia son punteadas al momento, es decir, puestas punta con punta, una sobre otra para hacer de su conjunto una pila pareja; luego son colocadas en una tabla donde se planchan haciendo uso de una prensa.

A las hojas destinadas para el relleno del cigarro se les quita la vena desde la mitad de la misma hacia el extremo inferior, aquellas empleadas para el capote requieren la extracción de solo un cuarto de la vena y para la capa o envoltura se despalilla la totalidad del nervio separando a la hoja en dos porciones.

El despalillado requiere tomar medidas iniciales que permitan incrementar la elasticidad de la materia prima, disminuyendo un poco la fragilidad y así facilitar la tarea del desnervado; las hojas de tabaco ya prensadas son ligeramente humectadas rociándoles algo de agua con la ayuda de un compresor y una boquilla, o bien haciendo uso de cámaras de vacío. Posteriormente, se llevan a un área de depósito para que reposen, donde cada cierto tiempo deben voltearse. El procedimiento dura alrededor de uno o dos días a fin de aflojar las venas, y una vez cumplido ese período, le toca el turno a los despalilladores para clasificar y seleccionar las mejores hojas según su longitud.

Existen dos técnicas comunes para extraer la vena central de la hoja de tabaco: la separación mecánica (donde bien pudieran usarse máquinas eléctricas) o la tradicional forma manual. Cuando el trabajo se realiza a mano es común apreciar un cortador metálico colocado en el dedo pulgar del tabaquero, como una especie de uña extendida, la cal se pasa sobre la vena para cortarla y facilitar la extración del nervio, el cual va halándose con suma destreza para no deteriorar el resto de la hoja. Algunos despalilladores expertos han dominado la habilidad a tal punto que no usar el cortador.

Una vez que termina el despalillo continúa el avance en la cadena productiva, es decir, se procesa la materia prima en una segunda fermentación o se pasa directamente a la faena del torcido.