Los cigarros cortos

Por DDR Sistemas, 07/10/2019 - 23:23
Los cigarros cortos tienen su espacio particular.

En tiempos donde la fuerza de la imagen avasalla al contenido del discurso, la mano invisible del mercado ha sabido sembrar en el imaginario colectivo, la noción de que un buen cigarro no es otra cosa sino un enrollado largo y ancho de tabaco. Esta idea absurda, amén de dejar de lado premisas básicas, como entender que cada formato está ideado para cumplir en un determinado contexto, también ha promovido que muchos aficionados se priven de experimentar una gran variedad de vitolas cortas, las cuales, en la circunstancia indicada, bien pudieran ser la llave perfecta para desbloquear pequeños paraísos.

Y si, comparativamente casi no hay costumbre de fumar buenos cigarros -hechos a mano- con dimensiones pequeñas. Quizá el precio -elevado por unidad de masa, frente a la alternativa de los cigarros más grandes- y la competencia del tabaco mecanizado de tripa corta -muchísimo más económicos-, hagan que estas vitolas tengan menos tracción de consumo; pero ningún entendido vendrá a negar que la experiencia que promete un cigarro de alta gama, torcido en pequeño formato, es de una particularidad tal que merece su propio espacio, y que debería ser apreciado como algo más que un escalón para poder abordar vitolas más generosas en su contenido de tabaco.

Justos en la brevedad que obliga el momento, los cigarros de pequeña dimensión abren verdaderas ventanas sensoriales, lo suficientemente poderosas como para marcar el recuerdo; directos y claros, sin complejo alguno, se plantan con una personalidad que sin duda sorprendería a más de uno. Si me lo preguntan, yo nunca diría que representan un “escape”, sino más bien una manera de reconectar con ese mundo que nos rodea, lleno de extremo a extremo de experiencias alucinantes aún por descubrir, ese que solo aguarda a que nos animemos, con decidida resolución, a ir a por él.

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