Winston Churchill y el tabaco

Por Editor, 09/25/2016 - 14:46
Sir Winston Spencer Churchill

La iconografía moderna es ávida para presentarnos a Sir Winston Spencer Churchill como un apasionado fumador de puros, de hecho, son muchas las anécdotas que al respecto se relatan, como cuando tuvieron que proveerle de un casco especialmente diseñado, para que pudiera fumar en la cabina no presurizada de un avión experimental, o cuando, rompiendo el protocolo de una manera no muy diplomática, logró que el Rey de Arabia Saudita le permitiese disfrutar de un cigarro en el curso de una cena oficial. Dicen incluso que su esposa, Clementine Hozier, llegó a confeccionarle una suerte de babero para que la ceniza no quemara sus pijamas, mientras leía en la cama por las noches.

Se estima que el romance de Churchill con los puros inició en aguas caribeñas, alrededor del año 1895, cuando ejercía de observador militar y periodista en la propia isla de Cuba, acompañando a las tropas españolas que intentaban contener la insurrección de los patriotas mambises. Lo cierto es que estando en el cenit de su gloria política, ya Churchill estaba fumando entre 6 y 10 puros al día, y prácticamente siempre era visto con un tabaco entre sus labios (a veces incluso apagado), manteniendo para ello un depósito personal con cerca 3000 cigarros almacenados a un lado de su estudio en Chartwell Residence, exigiendo la creatividad de sus allegados en la producción diversas soluciones prácticas, para que este hábito no colisionara con la complicada vida de este líder mundial.

Aún no se sabe con precisión cuándo las casas tabaqueras empezaron a cambiar el nombre de sus vitolas comerciales a “Churchill”, las primeras anillas con el nombre eran regalos directamente dirigidos al ilustre estadista, de diferentes casas manufactureras que personalizaban las anillas como un detalle de cortesía, pero aparentemente la masificación no ocurriría sino hasta después de su muerte, cuando los comerciantes David Knight y John Croley solicitaron el permiso de sus deudos para cambiar formalmente el nombre de la vitola Romeo y Julieta #2 por el apellido del singular personaje, simulando con ello un homenaje frente a lo que realmente era una clara estrategia de mercadeo; práctica que sería imitada posteriormente por otros fabricantes, al punto de que que, ya para la década de 1980, el mundo de los aficionados a los puros claramente identificaba a un “Churchill” como un cigarro de grandes dimensiones (generalmente 7 pulgadas y cepo 47), independientemente de su origen.

Category: